Fair News

La perspectiva de las oportunidades agrícolas en Colombia con el nuevo proceso de paz

17/10/2017

Por: Manuel Alberto Dávila
Durante los últimos cincuenta años los agricultores colombianos han estado en la escena principal del conflicto armado. En la actualidad, su desarrollo social y económico son los temas principales de los acuerdos de paz.
El primer hecho interesante sobre estas tierras agrícolas es la falta de uso que se les ha dado en agricultura. Solamente el 20% de las tierras agrícolas incluidas en los acuerdos de paz son utilizadas para la agricultura, el resto son extensas praderas donde pastan alrededor de 22 millones de cabezas de ganado. Teniendo en cuenta esta realidad, vemos que existe una gran oportunidad para que el gobierno colombiano le dé un mejor uso a estas tierras y pueda crear empleos para impulsar el crecimiento económico rural y cambie el status quo con relación a la gran cantidad de importaciones en alimentos de la que depende el país actualmente.
A lo largo y ancho de América Latina se han visto unos crecimientos económicos sorprendentes tras el final de los conflictos internos, este ha sido el caso de El Salvador y de Perú donde se han alcanzado tasas de crecimiento del 6.0% y 4.5%. Después de cuatro años de intensas negociaciones celebradas en la Habana, Cuba, entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC – se llegó a un primer acuerdo de paz, el cual fue presentado ante el pueblo colombiano el día 1º de septiembre de 2016. Dicho acuerdo de paz fue luego sometido a una elección popular, a través de un plebiscito, el cual se realizó el día 2 de octubre de 2016 en un ambiente pacífico donde los colombianos tuvieron la oportunidad de pronunciarse.
El resultado del mencionado plebiscito fue un sorprendente triunfo para la Campaña del ‘No’, el cual obtuvo un resultado a favor de un poco más del 50% de los votos. Este hecho obligó al gobierno a abrir las negociaciones a grupos de interés adicionales y a escuchar sus preocupaciones y posiciones. Con posterioridad a las negociaciones adicionales en La Habana, el segundo acuerdo fue completado y presentado ante todas las partes el 15 de noviembre de 2016. Luego este acuerdo fue sometido al voto del congreso el día 24 de noviembre de 2016, el cual fue finalmente aprobado. Lo que viene ahora es la implementación del acuerdo de paz.
El capítulo que cubre los cambios en el sector agrícola puede resumirse en tres pilares principales:
1) Inclusión de los agricultores en la reforma agrícola.
2) La integración de las distintas regiones
3) La seguridad alimentaria.
El presente acuerdo establece la creación de un fondo nacional de tierras, el cual incluirá tierra de propiedad del gobierno quien será el primer contribuyente a este proceso, también se contará con donaciones de tierra y tierras ilegalmente adquiridas. Con posterioridad a este paso, se establecerá un registro de tierras para garantizar que toda la tierra incluida en el fondo se encuentre correcta y debidamente registrada con sus correspondientes títulos para sus usos determinados. Este acuerdo establece el cuidado que debe tenerse con las áreas de protección ambiental y estipula que cualquier disputa por tierras será manejada por la jurisdicción del sector agrícola de interés.
Adicionalmente el acuerdo establece que se harán inversiones significativas en las áreas rurales, incluyendo carreteras terciarias, sistemas de riego, redes eléctricas e infraestructura de internet. Existen disposiciones que establecen que habrá servicio de agua potable en las comunidades remotas y se ofrecerán servicios de educación y salud en sitios en los que antes no había sido posible por problemas de violencia. Se fomentarán programas como cooperativas, unidades familiares económicas y solidaridad comunitaria para apoyar el comercio de productos locales.
Igualmente se ofrecerá asistencia técnica y tecnológica, tales como bancos de semilla y se garantizará el acceso a la seguridad social a los agricultores rurales trabajando en esas zonas. Se implementarán programas de seguridad alimentaria para garantizar que no haya escasez de alimentos en las áreas de las granjas rurales, contando con apoyo de solicitudes de créditos locales que serán facilitadas. Por último, el acuerdo precisa que el enfoque principal será en programas de desarrollo en las áreas más afectadas por la violencia y la pobreza. Nada de lo anteriormente mencionado será una tarea fácil de lograr y el acuerdo plantea desafíos significativos al gobierno y al sector en general.
Sin embargo, el acuerdo presenta una gran y única oportunidad que debe aprovechar el pueblo colombiano. El cambio se inicia con una actitud positiva de nuestra parte y con nuestro deseo de ayudarnos los unos a los otros y debemos luchar para conseguir esa paz que hemos anhelado durante muchas generaciones. Todo depende de nosotros, depende de la generación de los llamados millenials, tenemos que unirnos en una paz prospera y duradera.

.